Una iglesia que busca más intimidad con Dios

Publicado por La Promesa del Padre en

El domingo 7 de julio de este año, durante la alabanza en nuestra reunión principal, Dios nos dio una visión para la iglesia a través de uno de nuestros hermanos: Una niña iba subiendo una montaña, y mientras ella subía, de repente se abría en el aire una especie de ventana, y a través de esa venta salían unas manos que le entregaban un paquete a la niña. Ella lo veía, identificaba qué era, se alegraba y agradecía el regalo, pero no se maravillaba ante semejante suceso. Después de observar el paquete un momento, continuaba su camino subiendo por la montaña.

El Señor, junto con la visión nos dio también su interpretación: Nos mostraba que esa niña es nuestra iglesia, es pequeña y muy joven, por eso se veía así. La caminata subiendo la montaña representa la intimidad con Dios, nuestra búsqueda de su Presencia, nuestra búsqueda de conocer más a Dios. Seguimos subiendo, seguimos aprendiendo, pero ya tenemos acceso a cosas de los Cielos, regalos de Dios, cosas ajenas a este mundo, pero ya las estamos recibiendo. Eso representa la ventana que se abrió y el paquete que recibía la niña.

Dios nos mostraba que, al recibir el regalo, la niña no se maravillaba, ni se detenía, ni se regresaba, porque ella no estaba subiendo la montaña para eso; eso sucedió durante su camino y lo recibió con alegría y agradecimiento, pero siguió su camino, continuó con su propósito de subir la montaña. Con esto Dios nos confirma que Él nos está llamando a algo más alto: a conocerlo más, a estar más cerca de Él, a una mayor intimidad y a un mayor entendimiento de Él. Los milagros y cosas sobrenaturales sucederán en el camino, pero no es lo que perseguimos, y cuando sucedan no debemos detenernos ahí, ni regresar. Debemos seguir subiendo, avanzando en nuestra búsqueda de intimidad en su Presencia.

Aunque esta visión se compartió con toda la iglesia el domingo siguiente durante la predicación, es importante recordarla, y en nuestras charlas en las semanas y meses por venir, seguir animándonos unos a otros a alinearnos a este anhelo en el corazón de Dios, tanto en lo individual como en nuestras actividades en comunidad. Esto nos permitirá responder con diligencia y amor a esta escena (y llamado), que nos muestra cómo Dios ve a nuestra iglesia, y cómo nos espera, más allá de los regalos en el camino, en lo más íntimo de su Presencia.