Hechos 23

Publicado por LPP en

En la historia, el cristianismo ha tenido detractores y perseguidores cuyo empeño ha sido detener el avance de éste, primero cuando era solo un movimiento y después como religión en el cual el cristianismo necesitó siempre de personas que acudieran en defensa de esa fe que transmitía el evangelio a través de los predicadores y misioneros que expusieron sus vidas para que el mensaje de salvación corriera por el mundo. El apóstol Pablo entra en ese grupo importantísimo de hombres y mujeres defensores de la fe que estuvieron involucrados en estas experiencias. Como todos sabemos, el apóstol Pablo fue enviado por el Señor para difundir el evangelio de Jesucristo a los gentiles, lo que en automático lo condenó a ganarse todo el odio y desprecio de la comunidad judía (1 y 2). Por lo que, en varias ocasiones sufrió las consecuencias de estos sentimientos y en otras tuvo que defenderse para salvar la vida.


Dios equipa a cada uno de sus hijos con su Espíritu para hacer frente a todas las embestidas del mundo y del enemigo. Nos entrega su palabra, dones espirituales, talentos terrenales, fuerza, sabiduría, valentía, etc. y a las personas en donde todas estas cosas son fácilmente reconocibles los llamamos ungidos.

Unción:
1- Gracia y comunicación especial del Espíritu Santo, que excita y mueve al alma a la virtud y perfección.
2- Devoción, recogimiento y perfección con que el ánimo se entrega a la exposición de una idea, a la realización de una obra.

– Real Academia Española

Por eso, hoy veremos en Hechos 23 como el apóstol Pablo hace uso de toda su unción para defenderse ante el Sanedrín de los cargos de los que se le acusaban.


El Sanedrín: Corte Suprema de la ley judía cuya misión era administrar justicia interpretando y aplicando la Torá, la ley sagrada. Era competente en asuntos religiosos, penales y civiles. Estaba compuesta por 71 miembros que incluían al sumo sacerdote y a otros ancianos y escribas prominentes de la comunidad judía.


Cuando Pablo fue llevado para defenderse de las acusaciones que le hacían sus detractores ante el sanedrín, rápidamente se dio cuenta que no tendría un juicio imparcial, todo esto generado por el contexto religioso en que aparece el apóstol con el mensaje del evangelio de Jesucristo, que en la edad temprana de la iglesia era todo un acontecimiento positivo y negativo. Positivo para la iglesia porque el evangelio se estaba predicando y el mensaje evangelizador corría por todas partes e involucraba a toda la humanidad. Por otra parte, negativo dado que todo el judaísmo veía en el evangelio de Jesús una amenaza para su religión, por lo que era considerado una herejía para ellos.


En esta segunda defensa, a Pablo se le da la oportunidad de defenderse primero ya que la acusación o el asunto a tratar ya era conocido de todos los involucrados. El día anterior, el apóstol Pablo, vio como una gran oportunidad de dar el mensaje en el templo fue frustrada por la multitud, ya que ellos no le permitieron terminar su mensaje, pues empezaron a alborotarse. Ahora Pablo tiene otra oportunidad de ganar a Israel para Jesús, y quizás una mejor oportunidad. Aquí él habló ante el concilio teniendo la oportunidad de predicar de Jesús a hombres influyentes.

Pablo se quedó mirando fijamente al Consejo y dijo: —Hermanos, hasta hoy yo he actuado delante de Dios con toda buena conciencia. 2 Ante esto, el sumo sacerdote Ananías ordenó a los que estaban cerca de Pablo que lo golpearan en la boca. 3 —¡Hipócrita, a usted también lo va a golpear Dios! —reaccionó Pablo—. Ahí está sentado para juzgarme según la Ley, ¿y usted mismo viola la Ley al mandar que me golpeen? 4 Los que estaban junto a Pablo le dijeron: —¿Cómo te atreves a insultar al sumo sacerdote de Dios? 5 —Hermanos, no me había dado cuenta de que es el sumo sacerdote —respondió Pablo—; de hecho, está escrito: “No hables mal del jefe de tu pueblo”.

Hechos 23:1-5

Pablo mira fijamente al consejo, transmitiéndoles el mensaje de que es un hombre que no tiene de que ser acusado, ya que ha vivido con una buena conciencia ante Dios.


Los representantes del sanedrín de manera inmediata entienden, a su manera, el mensaje de Pablo, ya que, para un judío, tener buena conciencia delante de Dios es vivir conforme a la ley judía. La respuesta de Pablo de una buena conciencia ofendió al sumo sacerdote, pensó que alguien acusado de crímenes tan serios no debiera decir que tiene buena conciencia.


Pablo no estaba diciendo que él era perfecto ni mucho menos, la conciencia es un conocimiento interno que le indica al creyente lo correcto o lo equivocado de sus acciones. El compromiso de Pablo con Dios, su firme resolución de agradarle y su vida intachable aun antes de su conversión a Cristo avergüenzan y condenan a los que dicen ser creyentes y justifican su infidelidad a Cristo alegando que todos pecan y por lo tanto es imposible vivir delante de Dios con una buena conciencia.


El sanedrín juzgaba interpretando la ley superficialmente, Pablo como buen discípulo de Jesús, lo hace aplicando el verdadero sentido de la ley que debe de ser con rectitud y amor (Mateo 23:27-28; Mateo 5:20).


En el versículo 5, el apóstol Pablo responde: «No me había dado cuenta que es el sumo sacerdote». Los hombres que conformaban el concilio debían supuestamente ser ejemplos de la ley de Moisés. La orden de golpear a Pablo era de hecho lo contrario al espíritu y letra de la Ley. Deuteronomio 25:1-2 dice que únicamente un hombre encontrado culpable puede ser golpeado, y a Pablo aún no se le imputaba ninguna culpa. Lo que sucedía era que el sumo sacerdote estaba siendo acusado en su corazón por la inherente integridad del dicho de Pablo. Él era un hombre con una buena conciencia, y era evidente en su forma de hablar y actuar.


Probablemente Pablo, utiliza un lenguaje irónico ante la falta de moral del sumo sacerdote que abusando de su investidura sacerdotal violenta la ley y cercena los derechos. (Pared blanqueada)

6 Pablo, sabiendo que unos de ellos eran saduceos y los demás fariseos, exclamó en el Consejo: —Hermanos, yo soy fariseo de pura cepa. Me están juzgando porque he puesto mi esperanza en la resurrección de los muertos.

Hechos 23:6


Al parecer Pablo observó que la audiencia no recibiría el evangelio, la orden y la actitud de los presentes lo puso en claro; pero una parte era de fariseos y otra de saduceos y Pablo quiso dividir el sanedrín en sus propias líneas de pensamiento entre sus partidos, tomando un bando (los fariseos) que simpatizaría con él, en lugar de tenerlos unidos contra él.


Pablo dijo «Yo soy fariseo, hijo de fariseo», pues conociendo la audiencia, Pablo mencionó su herencia como fariseo y declaró: «Me están juzgando porque he puesto mi esperanza en la resurrección de los muertos.» Él sabía que este asunto era de gran controversia entre los dos partidos. Por supuesto, esta era una esencia verdadera. El centro del evangelio de Pablo era la resurrección de Jesús.


Cuando Pablo dijo estas cosas, se produjo disensión entre los fariseos y saduceos, y la asamblea se dividió, Pablo eligió el asunto correcto. Enmarcado en dichos términos, él obtuvo la alianza inmediata de los fariseos, y él dejó que ellos discutieran con los saduceos. Los saduceos negaban la realidad de la vida después de la muerte y el concepto de la resurrección. Lucas correctamente escribió sobre ellos, los saduceos dicen que no hay resurrección, ni ángel, ni espíritu. Los fariseos tenían más cosas en común con Pablo, siendo creyentes más apegados a la escritura en aquel tiempo. Ellos tomaban la escritura en serio, aun cuando erraban en gran manera al agregar tradiciones de hombres a los mandamientos de la palabra de Dios.


Usualmente, los saduceos y fariseos eran enemigos, pero ellos se lograron unir en contra de Jesús (Mateo 16:1, Juan 11:47-53) y también en contra de Pablo. Es extraño ver como gente con nada en común se unen como amigos para oponerse a Dios y a su obra.

10 Se tornó tan violento el altercado que el comandante tuvo miedo de que hicieran pedazos a Pablo. Así que ordenó a los soldados que bajaran para sacarlo de allí por la fuerza y llevárselo al cuartel.

Hechos 23:10

El comandante debía tener la certeza que estos judíos estaban locos con su violencia y disputas sin fin. Previamente, ellos discutieron por la resurrección. El comandante removió a Pablo para su propia seguridad, y lo puso en custodia en la fortaleza. La astucia de Pablo lo rescató del concilio.

11 A la noche siguiente, el Señor se apareció a Pablo y le dijo: «¡Ánimo! Así como has dado testimonio de mí en Jerusalén, es necesario que lo des también en Roma».

Hechos 23:11


Ésta debió ser una noche difícil para Pablo. Su corazón deseaba la salvación para sus compatriotas judíos (Romanos 9:1-4), y dos grandes oportunidades resultaron en nada. Pablo estuvo en duelo por esas oportunidades perdidas y que él echó a perder para Dios. En momentos como ese, uno es por lo regular atormentado con un sentido profundo de indignidad, de no ser de buen uso ante Dios. Quizás este era el final de su ministerio.

Fue en la oscuridad de esa noche cuando los temores cayeron sobre Pablo; cuando su confianza en Dios parecía fallar; se preocupó de lo que haría Dios y de lo que le pasaría a él. Fue en la oscuridad de esa noche cuando Jesús vino a Pablo y estuvo junto a él. Jesús no solo estaba con Pablo; Él le dio palabras de consuelo. Las palabras nos dicen que la noche trajo consigo una oscuridad emocional, y quizás espiritual sobre Pablo. Jesús estaba allí para animar a su fiel sirviente. Jesús no le diría: ánimo, a menos que Pablo necesitara escuchar esas palabras. ¡Pablo sabía que su situación era mala, pero él no sabía ni la mitad de los hechos. Al día siguiente, cuarenta asesinos judíos se reunieron y harían juramento para no comer ni beber hasta no haber asesinado a Pablo. Pablo no sabía que esto sucedería, pero Jesús sí lo sabía. Aun sabiendo esto, él le pudo decir a Pablo, ánimo.


A veces podemos pensar que las cosas marchan mal ahora mismo, pero ni siquiera conoces la mitad de los hechos. Pero Jesús sabe, y él aun te dice, ánimo. ¿Por qué? No porque todo esté marchando bien; pero sí porque Dios aún está en su trono, y él aún mantiene su promesa:

28 Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, a los que han sido llamados de acuerdo con su propósito.

Romanos 8:28


Cualquiera puede tener buen ánimo cuando todo marcha bien; pero el cristiano puede tener buen ánimo cuando todo está corrupto, sabiendo que Dios es poderoso y maravilloso sin importar la crisis por la que se atraviesa.


Jesús le dijo al paralítico en su lecho, «ánimo hijo; tus pecados quedan perdonados» (Mateo 9:2) Jesús le dijo a la mujer con doce años de flujo de sangre, «ánimo hija; tu fe te ha sanado» (Mateo 9:22). Jesús les dijo a sus discípulos asustados en el mar de Galilea, «ánimo, soy yo, ¡No tengan miedo! (Mateo 14:27). «Yo les he dicho estas cosas para que en mí hallen paz. En este mundo afrontarán aflicciones, pero ¡anímense! Yo he vencido al mundo». (Juan 16:33).

Jesús le recuerda a Pablo lo que ha hecho en Jerusalén, y le dice a Pablo que aún hay más trabajo en Roma. Pablo se pudo haber desanimado por la falta de buenos resultados del sermón en Jerusalén. Pero los resultados no eran su responsabilidad. Su responsabilidad era la de traer la palabra de Dios y testificar de Jesús; los resultados son la responsabilidad de Dios. «Así como has dado testimonio de mí en Jerusalén» significa que Jesús aprobó el trabajo de Pablo.


Aun cuando Pablo hizo un buen trabajo, había más por hacer. «Es necesario que lo des también en Roma», esta era la siguiente tarea de Pablo. Las más grandes palabras que un fiel hijo de Dios puede oír es, «Aun hay más cosas que debes hacer». Estas palabras entristecen al siervo flojo, pero le traen alegría al siervo fiel. Se le podría decir a cada hijo de Dios: Aun hay más cosas que debes hacer. Más personas para traer a Cristo, más personas por las que puede orar, forma más humildes de servir a su gente, más hambrientos por alimentar, más desnudos por cubrir, más santos desanimados para animar. La promesa de más trabajo por hacer era la promesa de que la protección continuaría. Pablo debía vivir hasta que terminara la trayectoria que Dios le había trazado.

Pablo anhelaba ir a Roma (Hechos 19:21 y Romanos 1:9-12). Algunas veces pensamos que, porque queremos mucho algo, no podría ser la voluntad de Dios para nosotros. Pero Dios, a menudo, nos da los deseos de nuestro corazón (Salmo 37:4)


Parecía que Pablo no saldría vivo de Jerusalén; mucho menos llegar a Roma. Dios no sabe únicamente lo que necesitamos oír; él sabe cuándo necesitamos escucharlo. Pablo se enfrentó a sus enemigos el siguiente día con una sonrisa, sabiendo que ellos no tenían poder contra él, porque Dios tenía más cosas que hacer por medio de él. Esa seguridad significó mucho para Pablo durante los dolores y ansiedades de los siguientes años ya que ahora le marca como alguien en control de los eventos en lugar de la víctima.


Pablo vivió muchos años con gran libertad, pero, aún tenía que confiar en las promesas de Jesús en sus años de poca libertad y el saber que Dios puede trabajar de una manera poderosa a pesar de las circunstancias difíciles. Pablo necesitaba recibir con fe la promesa de Jesús y las promesas de hace veinte años, y las promesas hechas recientemente, dejando que esas promesas hicieran la diferencia en lo que sentía y pensaba. Todo creyente debe hacer lo mismo.


En medio de toda la intriga y problemática que envolvía a Pablo debido a su extensa encomienda siempre hubo esa seguridad en él, de que el dueño de la mies lo mantendría de pie ante cualquier circunstancia, eso marcó el carácter de Pablo y la fe que expresaba no era una teoría formulada en un laboratorio, sino era la fe practicada en todo momento, a toda hora y cualquier lugar.

El deseo de la clase religiosa judía de exterminar la amenaza que significaba el mensaje del evangelio que predicaba Pablo era prioritario, tanto así que el uso de sicariato es reflejado en la medida extrema que tomaron y que obligó a las autoridades a tomar muy en serio la amenaza de muerte.


Tomando a Pablo… le llevaron de noche a Antípatris: Los doscientos soldados únicamente llegaron a Antípatris, porque la parte más peligrosa del camino llegaba hasta allí. Hasta Antípatris (Unas veinte millas) el campo era peligroso y poblado por judíos; después de allí el campo estaba abierto y plano, poco común para una emboscada y en gran manera poblada por gentiles.


Pablo logró salir de Jerusalén a Cesarea, en la costa. El complot de los cuarenta asesinos falló. Algunos se preguntan si los hombres que hicieron el juramento de no comer murieron debido a que fallaron en su misión de matar a Pablo. Probablemente este no era el caso. Los rabinos de la antigüedad permitía quebrantar cuatro tipos de juramento: «Juramento de incitación, juramento de exageración, juramentos hechos en error, y juramentos que no se podían cumplir por restricciones» exclusiones permitidas para cualquier tipo de contingencias. ◾