Madurez en la Iglesia

1. Madurez individual
1.1 Diferencia entre nacer y madurar
Muchas veces, el anhelo por la salvación es tan intenso, la oración por la salvación es tan ferviente, que la meta de que alguien se vuelva Cristiano se convierte en eso, en la meta absoluta. Cuando, como comentábamos hace un par de domingos, en realidad la Salvación es el inicio de la carrera.
El nacer de nuevo, es eso, nacer. No es sinónimo de madurez o perfección. En lo natural, cuando nace un bebé, ¡nos alegramos porque nació, pero no lo dejamos ahí! Todavía falta alimentarlo, que aprenda a hablar, que aprenda a caminar, que crezca, enseñarle durante su infancia, cuidarlo en su adolescencia, guiarlo en su juventud, ¡falta toda la historia de su vida adulta! Cuando se multiplique, etc…
Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe. Esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios y no por obras, para que nadie se jacte. Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios dispuso de antemano a fin de que las pongamos en práctica.
Efesios 2:8 10
La salvación es por fe y por lo que Jesús hizo, es un regalo. Pero la madurez involucra tu voluntad, hay un precio que pagar, un precio de obediencia y diligencia. La salvación no es la meta final, es una de las metas. Es la primer meta, es el primer paso, es necesario, restaura tu relación con Dios, ¡pero hay mucho más a partir de ella!
1.2 Peligros de no entender la diferencia entre nacer y madurar
Entender o no entender esto, tiene una consecuencia en tu forma de vida. La visión “en blanco y negro”, pensar que sólo se trata de ser salvo o no, puede provocar lo siguiente: una falsa seguridad: “Si nací de nuevo significa que estoy bien… totalmente bien.” Esta falsa seguridad da lugar a posturas peligrosas… “¡Cómo te atreves a juzgarme!”. “¡Cómo te atreves a sugerir que estoy equivocado en esto si soy hijo de Dios!”. “¡Cómo te atreves a cuestionarme si Dios a mí me dijo que lo hiciera así!”.
Esta falsa seguridad también te lleva a que te sobre-relajes, no te esfuerzas por crecer, por cambiar, por abandonar pecados, por abandonar actitudes inadecuadas… O a veces hasta cuesta trabajo identificarlas… Porque siquiera considerar eso “te ofende” como Cristiano. Una falsa inseguridad: “Si la salvación hace que yo esté totalmente bien. Entonces ni siquiera soy salvo porque, honestamente, hay cosas en mi vida que no son perfectas.”
En realidad, como veremos en las siguientes citas bíblicas, aun siendo salvo, puedes estar mal en ciertas cosas, o dicho de otra forma, aunque ya hayas nacido de nuevo, la Escritura nos muestra que necesitas crecer, puedes estar mejor. ¡Puedes crecer! ¡Es algo bueno!
Sin embargo, efectivamente, también hay casos en los que podemos pensar que somos cristianos y no serlo. Por ejemplo, pasa cuando tu familia o tu cultura está basada en el cristianismo, y desde que naciste, o por mucho tiempo has vivido en medio de ese ambiente y cultura, y como las costumbres y valores están basadas en el cristianismo, es común asumir que “por default” o en consecuencia, eso te hace Cristiano. Pero en realidad, de acuerdo a lo que Jesús hizo y dijo, sólo te conviertes en Cristiano cuando decides personalmente seguir a Cristo. Y es más que un impulso o un “bonito deseo”, sino que es una revelación profunda en la que el Espíritu Santo te permite ver la separación que nuestros pecados han provocado entre nosotros y Dios; pero a la vez puedes ver que Jesús vivó y entregó su vida por ti, para pagar esa deuda, para limpiar esos pecados. Eso provoca en ti una decisión de rendirle tu vida, vivir para Él en agradecimiento, y le das en tu vida el lugar de Señor y Salvador, por fe. Eso se describe en la Biblia como nacer de nuevo, pasas de ser creación de Dios a ser un hijo de Dios, su Espíritu Santo habita en ti y
comienzas una nueva vida de seguir a Cristo, tratando de conocerlo más, seguir sus pasos. Eso es ser Cristiano.
En este versículo, Pablo aborda estas dos posibilidades: ser un hijo de Dios genuino, pero que está fallando en ciertas áreas y necesita revisarlo, reconocerlo y cambiarlo. Pero también la posibilidad de que en realidad aun no hayan nacido de nuevo.
Examínense para ver si están en la fe; pruébense a sí mismos. ¿No se dan cuenta de que Cristo Jesús está en ustedes? ¡A menos que fracasen en la prueba
2 Corintios 13:5
1.3 La madurez es voluntaria y tiene un costo
Un asunto clave en la madurez de tu vida como creyente es entender que, aunque el Espíritu Santo habita en ti, no te forzará a hacer lo que debes hacer, sino que es algo voluntario. A diferencia de lo que vemos con los espíritus inmundos, que cuando poseen a una persona, la llevan a hacer cosas en contra de su voluntad, aun fuera de su conciencia.
Maestro —respondió un hombre de entre la multitud—, te he traído a mi hijo, pues está poseído por un espíritu que le ha quitado el habla. Cada vez que se apodera de él, lo derriba. Echa espumarajos, cruje los dientes y se queda rígido
(…)
¿Cuánto tiempo hace que le pasa esto? —le preguntó Jesús al padre. —Desde que era niño —contestó—. Muchas veces lo ha echado al fuego y al agua para matarlo. Si puedes hacer algo, ten compasión de nosotros y ayúdanos.Mateo 9:17-18, 21-22
Como podemos ver, en cuanto a los espíritus demoniacos, la Biblia habla de posesión, haces cosas contra tu voluntad. En cuanto al Espíritu Santo, no es así. Con Él se trata de rendición, es cederle paulatina y constantemente control de cada área de tu vida, voluntariamente, conforme Él te va revelando y trayendo
convicción de pecado. Mira lo que aquí Pablo les dice aquí a personas que él reconocía como hermanos en la fe, creyentes, hijos de Dios, nacidos de nuevo, personas que están en Cristo (Cristianos).
Yo, hermanos, no pude dirigirme a ustedes como a espirituales, sino como a inmaduros, apenas niños en Cristo. Les di leche porque no podían asimilar alimento sólido, ni pueden todavía, pues aún son inmaduros. Mientras haya entre ustedes celos y contiendas, ¿no serán inmaduros? ¿Acaso no se están comportando según criterios meramente humanos?
1 Corintios 3:1-3
Y de nuevo en Hebreos, vemos este mensaje a creyentes, hijos de Dios, pero que igual que el caso anterior, estaban teniendo actitudes inadecuadas y no estaban siendo diligentes.
Sobre este tema tenemos mucho que decir, aunque es difícil explicarlo porque ustedes se han vuelto apáticos y no escuchan. En realidad, a estas alturas ya deberían ser maestros; sin embargo, necesitan que alguien vuelva a enseñarles los principios más elementales de la palabra de Dios. Dicho de otro modo, necesitan leche en vez de alimento sólido. El que solo se alimenta de leche es
inexperto en el mensaje de justicia; es como un niño de pecho. En cambio, el alimento sólido es para los adultos, pues han ejercitado la capacidad de distinguir entre el bien y el mal.Hebreos 5:11-14
La salvación es algo instantáneo. La madurez es un proceso, toma tiempo. No hay un tiempo específico, pero sí hay expectativas sugeridas en la Escritura. Tú puedes agilizarlo o postergarlo.
2. Madurez como iglesia
Así como en lo individual, siendo Cristianos genuinos, siempre hay cosas en las que podemos mejorar, aprender, corregir, recibir más revelación, etc. De igual manera pasa en comunidad, como iglesia. A continuación veremos algunos puntos en los que podemos madurar como iglesia. No es una lista exhaustiva, sino más bien algunos puntos específicos en los que Dios nos está llamando a madurar como iglesia local, a nosotros, La Promesa del Padre.
2.1 Madurez en funciones
Él mismo constituyó a unos como apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; y a otros, pastores y maestros, a fin de capacitar al pueblo de Dios para la obra de servicio, para edificar el cuerpo de Cristo. De este modo, todos llegaremos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a una humanidad perfecta que se conforme a la plena estatura de Cristo.
Efesios 4:11-16
En el panorama general, vemos que la gran mayoría de iglesias ha dependido por décadas, y aun siglos, de sólo 1 de esos 5 ministerios. Vemos que a nivel global, Dios está restaurando esto poco a poco en su iglesia. Así como en tiempo atrás restauró temas como la doctrina de la Salvación en la Reforma, y la revelación de los dones del Espíritu Santo a inicios del siglo XX.
Muchas iglesias, incluyendo la nuestra, necesitamos crecer y madurar en la reactivación de los ministerios. ¡Y estamos trabajando en eso! De hecho, las siguientes predicaciones a partir de la siguiente semana, serán precisamente sobre esto, iremos cada uno de los próximos domingos estudiando ministerio por ministerio.
2.2 Evitar actitudes inmaduras
Siempre doy gracias a mi Dios por ustedes, pues en Cristo Jesús, él les ha dado su gracia. 5 Unidos a Cristo ustedes se han llenado de toda riqueza, tanto en palabra como en conocimiento. 6 Así se ha confirmado en ustedes nuestro testimonio acerca de Cristo, 7 de modo que no les falta ningún don espiritual mientras esperan con ansias que se manifieste nuestro Señor Jesucristo. 8 Él los mantendrá firmes hasta el fin, para que no sean reprendidos en el día de nuestro Señor Jesucristo. 9 Fiel es Dios, quien los ha llamado a tener comunión con su Hijo Jesucristo, nuestro Señor.
1 Corintios 1:4-12
Divisiones en la iglesia
Les suplico, hermanos, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que todos vivan en armonía y que no haya divisiones entre ustedes, sino que se mantengan unidos en un mismo pensar y en un mismo propósito. Digo esto, hermanos míos, porque algunos de la familia de Cloé me han informado que hay rivalidades entre ustedes. Me refiero a que unos dicen: «Yo sigo a Pablo»; otros afirman: «Yo, a Apolos»; otros: «Yo, a Cefas»; y otros: «Yo, a Cristo».
¿Cómo? ¿Divisiones, rivalidades e inmadurez en la iglesia que Pablo describe como “unidos a Cristo” y que “no les falta ningún don espiritual”? Sí. No les falta ni un don, pero le están batallando con cosas. ¡Y si sigues leyendo la carta te das cuenta de que algunas eran muy graves! Otras comunes, carácter, tratos, conflictos… Otras de doctrina o entendimiento…. Pero fue necesario que Pablo les escribiera al menos dos cartas para corregir, mejorar, enseñar sobre todas estas fallas en ellos.
2.3 Madurez en entendimiento espiritual
En esa misma carta, y en otras, nos habla de otro asunto importante en la madurez colectiva, y es acerca de los dones espirituales y, en general, de lo espiritual. No basta con buscar más el mover espiritual en nuestra iglesia, lo cual ya sucede, ¡y queremos más! Pero es importante aprender a hacer bien lo que ya tenemos. En los siguientes versículos vemos, por ejemplo, un llamado a madurar en cuanto al manejo de las profecías y de movimientos espirituales:
1 Corintios 14:29
En cuanto a los profetas, que hablen dos o tres y que los demás examinen con cuidado lo dicho.
1 Tesalonicenses:20
No apaguen el Espíritu, no desprecien las profecías, sométanlo todo a prueba, aférrense a lo bueno, eviten toda clase de mal.
1 Juan 4:1
Queridos hermanos, no crean a cualquier espíritu, sino sométanlo a prueba para ver si es de Dios (…)
La misma Palabra de Dios que nos llama a “ambicionar” el don de profecía, es la misma que nos llama a probarlo. No es una falta de fe probar las profecías que recibimos de alguien, o aun las que nosotros le damos a alguien. No es contradictorio a ambicionarlo. Es complementario. Es integral. Es parte de la fe y el ejercitar el don. Es Bíblico, necesario y sano. No busca poner en duda las palabras proféticas por incredulidad, sino por la fe y confianza que tenemos en el mover del Espíritu Santo, es que confiamos también en su indicación de probar todas las profecías, examinándolas con cuidado, y dando oportunidad a que el Señor confirme su Palabra cuando así lo sea, o descarte lo que venga de nuestra
humanidad. Estas pruebas no tienen como propósito identificar a un buen cristiano de uno malo, ni a un profeta verdadero de un falso profeta; lo que se juzga o examina no es la persona, sino la profecía.
Como iglesia, y como cristianos en general en estos tiempos, tenemos que madurar en nuestro entendimiento y manejo de las profecías. Probarlas nos ayudará a identificar lo bueno para retenerlo, para no despreciarlo; y a la vez, nos permitirá descartar lo que no viene de Dios como tal, filtrar lo humano de lo divino, lo definido de lo borroso, y eso guardará nuestra vida y guardará a la iglesia. ◾